El Aula de Pedagogía acogió el pasado 28 de abril una conferencia del profesor Agustín de la Herrán Gascón, especialista en Didáctica de la Universidad Autónoma de Madrid, centrada en las deficiencias profundas que afectan hoy a los sistemas educativos.
Bajo el título “Errores radicales de nuestra Educación”, el ponente propuso una reflexión crítica sobre aquellos fallos que, aun siendo decisivos, suelen pasar inadvertidos. Los comparó con las raíces de un árbol: no siempre visibles, pero determinantes para la solidez de todo el conjunto.
Según señaló, la educación contemporánea corre el riesgo de concentrarse exclusivamente en lo medible, lo evaluable y lo inmediato, perdiendo de vista su horizonte más amplio: la formación integral de la persona.
Para explicar estas desorientaciones, Agustín de la Herrán recurrió a tres imágenes expresivas: miopía, ceguera y estrabismo.
Miopía educativa
La miopía consiste en reducir la educación al simple aprendizaje. Educar, afirmó, no significa solo incorporar conocimientos, sino también aprender a soltar lastres, revisar condicionamientos y crecer interiormente. Criticó asimismo una organización curricular excesivamente técnica, correcta en su estructura, pero carente de profundidad. Añadió a ello una psicologización desmedida de la pedagogía, centrada de forma casi exclusiva en procesos individuales y emocionales.
Ceguera educativa
La ceguera aparece cuando se ignoran dimensiones esenciales del ser humano. Entre ellas, destacó la falta de educación del ego, origen de numerosos conflictos personales y sociales. Mencionó también la ausencia de una pedagogía que afronte realidades como la muerte o la vida prenatal, así como la tendencia a considerar al alumno como único centro del proceso educativo, olvidando otros ámbitos igualmente relevantes.
Estrabismo educativo
El estrabismo se produce cuando existe incoherencia entre lo que se proclama y lo que se practica. Se mantienen discursos valiosos que después no encuentran traducción real en la vida educativa. En este contexto, aludió también a formas de adoctrinamiento explícito y a la normalización de una inmadurez prolongada, visible en quienes alcanzan la edad adulta sin haber culminado un verdadero proceso de maduración.
Una reforma siempre abierta
Como conclusión, el profesor recordó que no todo en educación puede someterse al control técnico o a la planificación absoluta. La tarea educativa exige revisión permanente, apertura y profundidad. En ese sentido, afirmó que siempre queda pendiente la reforma de las reformas.









