A santo Toribio Mogrovejo solo le falta la antigüedad de vida para que pudiera ser reconocido Padre de la Iglesia, lo restante lo posee con creces. Así nos lo hace saber D. José Antonio Benito, director del Instituto de Estudios Toribianos en Lima, al que tuvimos el placer de escuchar el pasado martes 14 de abril. Santo Toribio, de quien se dijo “es la estrella convertida en sol”, “el arzobispo es una rueda en movimiento continuo”, “es el sol en el nuevo mundo” … no parece tener en nuestros días el renombre que tuvo entre sus contemporáneos. Huelga decir que D. José Antonio, entre otros, se esmeran para que santo Toribio sea recordado como lo merece, investigando y divulgando sobre el periplo vital del que fuera segundo arzobispo de Lima, pese no avenirse a tal responsabilidad a primeras de cambio, de manera que hubo de ser espoleado por aquellos cercanos que lo conocían bien y sabían de sus aptitudes. De ellas fue testigo la Universidad de Salamanca, en la que estudió leyes e impartió lecciones y que vio interrumpido su doctorando al ser S. fue testigo Toribio designado inquisidor de Granada; y a la postre, arzobispo de Lima.
Sus labores jurídicas no eclipsan su misión pastoral y evangelizadora que acometió con entrega y sin descanso. Pasó más tiempo fuera de su sede que en ella. Recorrió cuarenta mil kilómetros, muchos de ellos a pie, dispensó los sacramentos a innumerables nativos y se volcó en catequizarlos aprendiendo sus propias lenguas. De su mano fueron confirmados Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.
Nacido en Mayorga en 1538 de buena alcurnia castellana, hubo de ser ordenado y consagrado con premura, hasta tomar posesión de la archidiócesis (por entonces de inabarcable extensión). La fecundidad de su legado es imperecedera: convocó trece sínodos y tres concilios, a destacar el Tercero Limense, que presidió.No escatimó en milagros y fue beatificado en 1679 y canonizado en 1726. Santo Toribio es la fundición cultural de España y las Américas; un “hombre puente”, que ató cabos culturales y humanos, y abrió a los indios el camino a la santidad y la salvación de las almas. Por su espíritu contrarreformista, desprendido e incansable, Bartolomé de Benavides le bautizará como “el nuevo Ambrosio”.
Patrono del Episcopado Latinoamericano desde 1983, el episcopado peruano otorga una medalla en su memoria que en 2023 le fue concedida a un agustino avalado por su recorrido como misionero: el entonces cardenal Prevost, quien fuera obispo de Chiclayo, y más conocido hoy como S. Santidad León XIV.
Javier Barraca de Padura





